sábado, 15 de enero de 2011

La caja de muertos

Así se llegó a apodar al Renault 5 Copa Turbo por la cantidad de siniestros que se producían a manos de su volante.

Se presentó en 1982 como un coche barato y potente, muy potente y que podía rivalizar con vehículos que le doblaban en precio sin despeinarse.


Su filosofía era un bajo peso y más potencia de la que la mayoría podrían digerir, pues montaba un 1.4 con turbocompresor, 110cv -120 en su versión Super 5- y menos de 900 kg de peso. Todo esto significa unas prestaciones de infarto y un chasis que no dosificaba tanto nervio.

El mito de este coche sugiere que en las reducciones saltaba el turbo y por ende el coche se hacía incontrolable. Pero no culpemos solo a este lobo con piel de cordero: si entras en una curva y reduces una marcha, las revoluciones por minuto del motor suben considerablemente, justo el momento en el que en el R5 soplaba el turbo de golpe; pero esto es sólo aire y el conductor debe pisar el acelerador para llenar los cilindros de gasolina y crear la correspondiente explosión.

En definitiva, el mayor problema al que se enfrentaba este pequeño monstruo de las carreteras no era otro que la falta de experiencia que se tenía en aquel momento sobre motores turboalimentados nada progresivos en cuanto a la entrega de potencia.

¡Yo quiero uno!

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